REFLEXIONES SOBRE MAITREYA, EL CRISTO,
INTRODUCCIÓN
Según las enseñanzas del Maestro Djwhal Khul, transmitidas a través de Alice A. Bailey, Maitreya o el Cristo fue el primero de nuestra humanidad que alcanzó la meta de la individualización. Su evolución fue extraordinariamente rápida; ya en la época atlante se encontraba en el Sendero de Probación. Desde el punto de vista evolutivo, su desarrollo no ha tenido paralelo, aunque actualmente existen seres humanos que comienzan a avanzar con similar rapidez.
El primer ser humano perteneciente al “centro que llamamos la raza de los hombres” que alcanzó la tercera iniciación fue el Cristo. En aquella gran demostración de realización espiritual, Buda lo acompañó. Aunque Buda había alcanzado previamente ese estado antes de la creación de nuestra vida planetaria, las condiciones necesarias para recibir dicha iniciación aún no existían; por ello, ambos la recibieron conjuntamente.
Maitreya es el Maestro del Mundo, conocido en Occidente como el Cristo, en Oriente como el Bodhisattva y Señor Maitreya, y en la tradición islámica como Imam Mahdi. Desde aproximadamente el año 600 a.C. ha presidido los destinos espirituales de la humanidad. Es el gran Señor de Amor y Compasión, así como Buda fue el Señor de Sabiduría.
Es el Instructor del Mundo, Maestro de Maestros e Instructor de Ángeles. A Él se le ha confiado la guía espiritual de la humanidad y el despertar de la conciencia de que cada ser humano es un hijo de Dios y portador de una naturaleza divina.
El Instructor del Mundo dirige la conciencia inmanente en su aspecto vida o espíritu, tratando de energetizarla dentro de la forma para que, llegado el momento, ésta pueda ser trascendida y el espíritu regrese a su origen. Según la tradición esotérica, desde que dejó la Tierra nunca ha abandonado realmente a la humanidad. Quienes conocen el sendero pueden hallarlo trabajando en estrecha colaboración con Sus dos grandes Hermanos: el Manu y el Mahachohan.
Las enseñanzas esotéricas afirman que diariamente bendice al mundo y estimula internamente a todos los buscadores sinceros, avivando en ellos la aspiración espiritual y la chispa del despertar interior. Aunque muchos no sean conscientes de Su presencia, la energía que irradia impulsa el desarrollo espiritual de la humanidad.
Maitreya ha sido durante dos mil años el Guía supremo de la Gran Fraternidad Blanca o Jerarquía espiritual, integrada por discípulos de todos los credos. Reconoce y ama tanto a cristianos como a budistas, musulmanes y seguidores de cualquier tradición espiritual. No le interesa la religión que profese el ser humano, sino el amor a Dios y el servicio a la humanidad.
Por ello, si los hombres buscan exclusivamente al Cristo histórico, podrían no reconocer al Cristo viviente que está en proceso de retornar, cuando la humanidad esté preparada. El Cristo no establece barreras religiosas en Su conciencia; Su campo de acción es universal. Maitreya está en camino y no viene solo. Su avanzada ya se aproxima y el Plan a desarrollar está trazado. El reconocimiento consciente de esta realidad constituye uno de los grandes objetivos espirituales de nuestro tiempo.
La futura religión mundial pondrá énfasis en la vida espiritual y no en el temor a la muerte. Enseñará cómo alcanzar la realización interior mediante la experiencia espiritual directa y proclamará la existencia de seres realizados que colaboran con el Cristo para ayudar a la humanidad. También afirmará la realidad de la Jerarquía espiritual del planeta y la posibilidad de que el ser humano coopere conscientemente con Ella.
En el futuro, la atención de la humanidad estará dirigida hacia Maitreya, el Cristo, y no tanto hacia las instituciones creadas por los hombres. Cristo será reconocido por Su obra viva a través de discípulos, servidores y Maestros de Sabiduría que trabajan silenciosamente detrás de los acontecimientos mundiales.
EL CRISTO O MAITREYA COMO PRINCIPIO INTERNO
Después de esta introducción, vamos a centrarnos más en el Cristo Interno que en el Cristo externo, pues este Principio Universal de Amor habita también en el corazón de cada ser humano, además de manifestarse plenamente en Maitreya a nivel planetario.
Hemos visto que Maitreya también representa el principio universal de Amor-Sabiduría en nuestro planeta. Si Buda simbolizó el principio de Sabiduría, Cristo representa el principio de Amor y Compasión. Su misión consiste en despertar en el ser humano la conciencia de su naturaleza divina y de la existencia de una realidad espiritual superior hacia la cual evoluciona toda vida.
La aplicación práctica para el aspirante espiritual consiste en despertar ese “Cristo interno” que todos llevamos dentro. Ese Cristo Interno es la conciencia del Alma, cuya meta es expresarse progresivamente a través de la personalidad.
Mediante la alineación Alma-Personalidad, el contacto gradual con el Yo Superior, el desarrollo de la conciencia grupal y la expresión cotidiana del Amor-Sabiduría, el “Cristo-Niño” presente en el corazón humano va madurando hasta convertirse simbólicamente en un “Cristo-Adulto”.
Cristo, entendido como estado interno de conciencia, mora en cada corazón humano. La evolución de este principio crístico es progresiva. Primero nace en el “pesebre” del corazón, simbolizando el despertar espiritual y el descubrimiento de la naturaleza divina interior.
El llamado “segundo nacimiento” representa una profunda transformación interna: el individuo trasciende el ego, purifica su personalidad y comienza a vivir guiado por el Alma. Finalmente se produce una integración entre alma y personalidad. La personalidad representa el yo separado; el Alma, la conciencia espiritual. El discipulado consiste precisamente en fusionarlas conscientemente.
El “nacimiento del Cristo” no debe entenderse únicamente como una creencia religiosa, sino como un cambio real de conciencia. La personalidad deja de vivir dominada por el deseo, el miedo y la separatividad, y comienza a expresarse mediante el servicio, la intuición, el amor impersonal y la conciencia grupal.
EL SIMBOLISMO DE MAITREYA
Maitreya simboliza, por tanto, la llegada de una Nueva Conciencia basada en el amor universal, la fraternidad, la cooperación, la compasión y la conciencia grupal. Por ello, muchas escuelas esotéricas lo relacionan con la Era de Acuario, el despertar colectivo, la síntesis espiritual y el Séptimo Rayo.
El verdadero “Cristo”, por tanto, no es solamente una figura histórica. Es una Conciencia, una Energía y un Principio viviente presente potencialmente en cada ser humano. El discipulado consiste en permitir que esa conciencia se exprese plenamente a través de la personalidad.
Desde esta perspectiva, la humanidad estaría evolucionando gradualmente hacia una conciencia grupal iluminada. Ese proceso ocurre mediante el despertar del Alma, la expresión del Amor-Sabiduría, el servicio, la meditación y el establecimiento de correctas relaciones humanas.
LA REAPARICIÓN DE MAITREYA
Cuando pronunciamos la Gran Invocación y decimos: “Que Cristo retorne a la Tierra”, esta invocación no implica necesariamente el regreso físico del personaje histórico ni la fundación de una nueva religión.
“Maitreya” representa, sobre todo, la emergencia de la Conciencia Crística, el despertar del Alma colectiva y el inicio de una nueva etapa evolutiva para la humanidad. Desde esta visión, Su Reaparición dependería de la preparación espiritual de la humanidad, del establecimiento de relaciones humanas correctas, de la buena voluntad y de una invocación masiva realizada conscientemente por los seres humanos.
CONCLUSIONES PRÁCTICAS
Como acabamos de ver, en un nivel profundo, Maitreya representa el despertar del Amor-Sabiduría dentro de la humanidad, tanto individual como colectivamente. La humanidad estaría transitando desde una conciencia separativa, competitiva y egoica hacia otra más grupal, intuitiva, cooperativa y compasiva. La energía de Maitreya simboliza precisamente ese proceso evolutivo.
Con las energías del Séptimo Rayo entrante, el discípulo no debe escapar del mundo, sino aprender a trabajar espiritualmente dentro de la sociedad y en la vida cotidiana, irradiando la conciencia del Alma en las profesiones, relaciones y actividades normales. En definitiva, “traer el Reino de Dios (el Quinto Reino Espiritual) a la Tierra (el Cuarto Reino Humano).
El trabajo práctico del discípulo consiste en unir Espíritu y Materia, desarrollar la conciencia grupal y colaborar de forma práctica con las Energías de Síntesis. El objetivo final sería el logro de “iniciaciones grupales” de aspirantes y probacionistas, como paso previo para una “Iniciación” masiva de gran parte de la Humanidad al final de la Era de Acuario, en estos 2500 años que tenemos por delante.
Comentarios
Publicar un comentario